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Torerillo en Triana

Hace un montón de tiempo —que diríamos en lengua coloquial— que estoy seco… Es decir, con el alma seca. Y mire Ud. por dónde, por contraposición, sentí el mensaje de Heráclito. Aquello de panta rei —todo fluye—.
Eso es lo que yo llamo: expresión de un deseo contenido. Y, pensando, he recordado que este presocrático clasificaba a los hombres en dos categorías: los de alma húmeda o sensuales y los de alma seca o racionales. Por lo menos estoy entre los de vida severa y entre los que —como dice él— buscan a Dios dentro de sí mismo. Más o menos el gnoscete ipsum —conócete a ti mismo— de Sócrates.
Y, andando, andando voy buscando mi fuego explicativo en aquellos versos de G. Diego:

Río Duero, Río Duero
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Y la verdad es que no hay nada como estar siempre en ese devenir, en esa dialéctica de la lucha de contrarios para quedarse uno a guto y decir, con León Felipe otra vez:
Así es mi vida,
piedra,

como tú
piedra ligera
como tú
canto que ruedas…

O seguir cantando como un romero cualquiera aquello de:
…que no has servido
para ser mi piedra
de una lonja
ni piedra de una audiencia
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia
como tú
piedra aventurera…

Pero lo hermoso es llegar al final, no en solitario:
…sino con los enamorados / que preguntan por sus almas / y siembras en tus espumas / palabras de amor, palabras.

Todo fluye.
todo pasa.

Publicado enColección PoemarEl hombre perdido

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