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Kung-Fú

Me acuso padre de que he pecado al vender algunas dosis de moralina sociológica. Será que lo necesito, ¿no? Pues, en realidad, no hay nada mas lejos de mí porque rechazo cualquier tipo de plastilina histórica o modelación forzada. Pero esa necesidad que tenemos de contestar, diariamente, a las preguntas existenciales de: ¿De dónde vengo?, ¿a donde voy?, ¿a/o para qué estoy aquí?, etc,,, hacen que me plantee una actuación, que me proporcione un comportamiento lo más ético posible.
Y, estando en esto… les aconsejo que estén atentos a las pocas cosas hermosas que televisión nos ofrece de vez en cuando. Por ejemplo, el domingo pasado tuve la ocasión de recoger tres frases de una profundidad y belleza, francamente, dignas de recordar a diario. Una de ellas decía: La espina no hace daño sino a quien quiere cortar la rosa. Eso me recuerda a J.J. Rousseau: El hombre es bueno por naturaleza, solo que luego también se dice: Homo, homini lupus (El hombre es un lobo para el hombre).
La otra era así: A la ofensa hay que responder con el olvido o con la justicia. Es decir sin hipocresía ni farisaismo alguno, algo así como el simple: Al pan, pan; y al vino, vino.
Y, por último, mi amigo Kung-Fú decía: He observado a los gusanos de seda y cuando hilan, creen que se hacen un escudo y, sin embargo, están fabricando su tumba. Algo así está haciendo esta sociedad que se hunde, día a día en su pantano de miel…

Publicado enColección PoemarEl hombre perdido

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