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Agujeros ozonosociológicos

Vivo en una casa que sabe a madre buena y antigua. También siento que me mira como una abuela sana y venerable. Tiene de todo lo que puedas desear. Por ejemplo,: muros gruesos hechos con argamasa de un fiel y antiquísimo albero… los ladrillos de la cocina son de un rojo antiguo e inimitable; en el patinillo, las macetas se reparten en las paredes, como si de un cuadro pintado se tratara. Las paredes están pintadas de cal muy blanca. Y, ahí, entre esa maraña de verde y blanco, tengo viviendo los dos canarios más guapos del mundo.
En la casa existe una habitación —que hace de lavadero— con un tejado de uralita que me une a los tiempos difíciles… Desde una de sus azoteas, me acuerdo, ahora, que cuando yo era niño secaba albaricoques, en el tejado de la casa de al lado. Estas complacencias son, posiblemente un tópico para personas de Alcalá. Lo curioso es que no reflexionamos sobre la importancia de lo sencillo: …Dichoso, aquél, que huye del mundanal ruido… Estamos, francamente desquiciados. Estamos aburguesados. Se nos escapan los compañeros que sufren. Le damos el visto bueno a todo lo que ocurre… ¿Pensamos en la U.N.I.C.E.F.? ¿Pensamos en los alumnos sin puestos en la Facultad…? ¿Pensamos en el agujero ozonosociológico? Seguro que tenemos mil quejas. ¡Luego no me vengan Vds. con revoluciones de boquilla… o aquello de que: la tierra es para quien la trabaja (una verdad como un castillo). Imposible piar con este grado de aburguesamiento.

Publicado enColección PoemarEl hombre perdido

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