OCULTAR

Impresiones

publicado por / junio 1, 1992

                    I 

    Metamorfosis de un día


La punta de los días
se anuncia con risas o con lágrimas.
Por la catarata cósmica
se precipitan las alegrías
acariciando las curvas gigantes
de las aguas... ¡unas veces!
¡Otras tantas!: espumas tristes
se mezclan con el «verde-azul»
del «estrépito-fondo»,
mientras en la tranquila hondura
viven, saltan y brincan:
lunas y amaneceres 
ocasos y albas.


                    II 


El cielo se ha congelado en azul.
Los pájaros son rictus
                      dibujados en el aire.
Los vientos se han callado entre tanto,
el sol mira torpe y se pregunta qué hace...
Parece que los mares los han sujetado
                         los atlantes;
¿Qué ocurre esta tarde?:
Por lo visto hasta al ocaso
se le ha visto la clámide.


                    I 

    Él no estaba


Vivía horizontal:
En una línea antes del fin del mundo.
A este lado —en éste de acá—,
donde está la vida,
no quedaba en él sino:
el vacío, la negación y
¡mucho frío!

Reflexiones

publicado por / junio 1, 1992

                    I 

    Ansia de universo


Tengo necesidad de sentirme
río, roca, desierto
y, sobre todo, volcán ardiendo.
Si yo pudiera surgir del mar,
como un delfín, ¡sería feliz!
Incluso me gustaría no saber nadar,
para hundirme en el misterio final.
Allí, creo yo que están:
mi vida, mi fuego y mi identidad.

...A Tomás Valladolid, amigo nuevo.
II Yo estoy dividido por dentro y por fuera... Entre el pensamiento y el corazón hay una frontera... El mundo visionario me conforta, —como una caricia del mar—, sin embargo la realidad, —como una bofetada de huracán— me provoca con sabor a sal.
A Tomás también...
III Los ríos rectilíneos ortodoxos y monótonos, me aburren plenamente como la geometría. Un día estrellado, sufre la locura de la noche soleada. Los desiertos con agua y bosques son hábito e incertidumbre. En este contraste vivo, me hundo y me consuelo. Por eso mi cama es la copa de los árboles y mi cabello la hierba de los campos. IV Llegar a ser Me gustaría ser piedra inerte, vegetal insensible, manantial seco y llano interminable. Nada que se parezca a lo humano es lo que yo reclamo. Prefiero salir por ahí a buscarme y no encontrarme... Es la forma de llegar al ocaso: desnudo, desconocido y olvidado. V Belleza final Estoy pensando en mi trascendencia: matemáticamente va desde mi nascencia a la nada. Nadando entre fenómenos tengo que llegar al concepto . En definitiva, soy un objeto que vive en la Belleza; y como un filósofo-artista tengo que conocer la sorpresa que me aguarda, asomada a la arista límite con su eterna sonrisa.

Reflexiones e impresiones

publicado por / junio 1, 1992

…Dedicado a dos o tres amigos que me mantienen vivo con su hombría de bien.

«Pensar y ser se corresponden» (Parménides)

 

Antonio Medina de Haro

publicado por / junio 1, 1992

Antonio Medina

De todos

publicado por / junio 1, 1992
      Ha llegado el momento de saber a quién está
dirigida la flecha de ese canto.
      A ti que te revuelcas en las espumas del
amante, que padeces un tiempo bajo el dominio de la
máquina o a ti que huyes del campo de las almas.
¡No!
      Yo me inclino ante los hombres que atados a
una cama lloran por sus memorias terrenales y aún
quieren liberarse.
      Yo estiro mi arco en dirección del nuevo
mundo.

Del agua

publicado por / junio 1, 1992
      Difícilmente acuda al paraíso de las sombras
a reponerme de máscaras que cuelgan mi osamenta
en ganchos de carnicerías.
      Me refugio en la tierra de la música donde el
hielo domina las alturas y los animales son la especie
que no sufre.
      Oigo todas las voces del cielo haciendo es-
puma entre ángeles y vírgenes desnudos y deploro
cierta vida del hombre.

Del adolescente

publicado por / junio 1, 1992
   Enséñame tu cuerpo para conocer la aurora más
violenta, proporcióname el agua, la inefable comida
con que se alimentan los astros en la noche.
   Ayúdame a descubrir este silencio. Ansío el
equilibrio de luz que mueva los volcanes antigua-
mente muertos.

Del nacimiento

publicado por / junio 1, 1992
      HAS llegado vestida por las celestiales nodri-
zas que antes acomodaron sobre mi cuerpo pepitas y
diamantes y también te violé, como esos asaltantes
ávidos de pureza aferrados a los relámpagos anun-
ciadores de los embarcaderos.
      Sobre ortigas recién abiertas reposaron tus
pechos y creí haber descubierto toda la naturaleza en
las vigilias de aquel sueño. Luego me llamaste de
entre las multitudes
                    y te hallé desnuda,
                 cubierto el cuello por víboras
                 de cascabel,
                             y perdí la razón
                 y mi cabeza la sentí dar tumbos.

De los cuerpos gloriosos

publicado por / junio 1, 1992
Sueño.
   Toda la vida he soñado que habíamos de hallarnos.
Eres ese navegante enfrentado a la sombra de los
ciclones, el que orienta las brújulas hacia las torres
de los molinos abandonados que crecen en la selva
de agitados demonios. En charcas de oro vi sumer-
girse el espíritu de tu cuerpo y ayudado por brujas de
todos los imperios avancé entre brasas
            y peiné tu cabeza
                              y te poseí.

Del amor y la tierra

publicado por / junio 1, 1992
   Y yo me alejé de entre los peregrinos para cantar
y llorar como verdaderamente lo hacen aquellos a
quienes la vida los puso sobre el corazón del mundo,
y entonces oí más claro que nunca el gemido de esa
víctima condenada a las vueltas de la tierra.
   Aún sostenía sobre su cabeza una corona de lau-
rel podrido y parecían dirigirse sus nublados ojos
hacia lo crepúsculos.

   Y me apiadé del él
                     y compartimos un bocado
como aquel que cansado
se estira a la sombra de las estrellas.
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La lluvia

                   El cielo quebrado es ya una ruina de sí

lo vemos abandonarse   lo vemos surcado de grietas que se bifurcan
inexorablemente hacia el vientre de a bóveda de nuestro firmamento sin
estrellas   lo vemos    allá arriba   fíjense   en las alturas universales
de su inmensidad vulnerada  viciado de túneles remotos  como laberinto
de líneas   como maraña profusa sobre el hielo infinito verificando
irrefutablemente una certera ley de catástrofes  lo vemos  vemos el
óxido en los resortes decrépitos de la vieja estructura celestial iniciando
a desmoronar en una lenta degeneración de millones amarillos de minús-
culos insectos  certificando una confusión de líquidos rotos  insis-
tiendo de gerundios el ritmo infausto  los avatares sombríos de nuestro
inextricable destino de aguaceros   hemos de verlo  sí   tras el desgaste
y el polvo  desgranado en la insuficiencia   insostenible en su fatiga
original  postergado a los presagios inequívocos de la cúpula fracturada
que trazada de límites comienza a derramar sus enormes láminas de
cristal  se desprenden  se renuncian  se encabalgan en nosotros por
la misma inercia de su desastre  se incorporan a la noche y al aire y en
cada salto hay un suicidio  un sopor de nuestro asombro un devolver-
nos a la costumbre oscura de hallarnos aquí parados  estáticos  con-
templando la danza de segmentos  el cielo salpicado de ausencias  esta
esdrújula vorágine mayestática que ahora se precipita hacia nosotros
abriendo la densa atmósfera como una plancha de metal lo haría en el
agua  de idéntica forma  superficies de vidrio se arrojan al vacío para
anunciarnos el inicio unánime de una manifestación inapelable

                   es la lluvia

                   ha comenzado a llover

caen las rígidas hojas de vidrio  caen unas tras otras como lunas de sal
o pañuelos de piedra  caen  definitivamente  en rotundo  en absolu-
to  en los añicos de la integridad malograda  en la miseria de nuestras
verdades de peregrinos  caen sí  como palomas de barro  como peces
de porcelana  como ya lo adivinamos en el instante último en el que un
acaso desvanece su vigencia de humo para dar entrada al genocidio
anunciado  a los certeros vaticinios en los que yace la tendencia antigua
por la luz fatal  cuando el cloruro y el sodio y los ojos  cuando las
cegueras núbiles y los eclipses terribles  cuando por mirar no podíamos
creer que esto fuese cierto  tan cierto como el olor a salitre en la ropa
mojada  tan cierto como esta fiesta nefasta de papeles aéreos  tan cierto
como este crepitar monótono de aves alborozadas en los declives irremi-
sibles de la fragilidad maltrecha  mientras desiste el empeño del orácu-
lo  mientras jamás terminaremos de rendirnos a la evidencia de este
diluvio de ácidos que prorrumpe en un estrépito incontenido de lluvias
finales  ah  anegando nuestros corazones metropolitanos de cemento
húmedo y otoños nublados en los que cae cae el aguacero irresoluto de
nuestra mísera condición.

                   y llueve    sí

está lloviendo sobre la ciudad  sus edificios  sus avenidas  sus pla-
zas   el inútil entramado de calles vacías  llueve sobre la arquitectura
de los hombres  los escombros de la historia  el asfalto saqueado  llueve
un viento áspero y sucio  llueve sobre mojado  llueve  sí  está lloviendo
sobre nosotros en tanto un polvo minucioso atraviesa el mercurio y el aire
hasta agarrarse a nuestros pechos de congojas   hasta filtrarse en las
arterias y en las células  en esta forma nuestra de ver impasibles el agua
y el cristal resbalando por los contornos de nuestras soledades

                   y la boca se nos llena de un mar de cetáceos atragantados
                   y qué
                   y qué sino contemplar con desarraigo esta lluvia llorosa  la
reiteración congénita  los vértigos propios de los espejos  la escarcha corriendo
en canales por las aceras por los husillos los desagües las alcantarillas que
alguna vez creímos inagotables  por el mismo útero de podredumbre de
esta ciudad agotada y ahogada de reminiscencias  de la herencia de un
caldo de animales defenestrados de los que sólo nos llega el rumor de los
incendios cuando se quiebran los fanales en as reverberaciones putrefac-
tas de sus cuerpos sin vida de cadáveres inertes  en os rescoldos del lastre
pretérito de este fuego sacro de vergüenzas que vomita la historia a
nuestras espaldas  en el fragor de las chicharras de arcilla perseverando 
torrencialmente las voluntades horadadas por el miedo lacustre   las 
creencias desarmadas  las manos que no abarcan más que un palmo  la
belleza imposible de un rostro que no conoce los estragos nubíferos de
esta niebla de nubes lluviosas  porque está lloviendo  qué carajo  está
lloviendo de verdad   llueve sobre nosotros y el cielo se nos cae a peda-
zos  llueve a jirones que estallan al tocar el suelo y que salpican un
enjambre de esmeraldas amorfas  llueve  lo vemos  llueve imperturba-
ble sobre los que contemplan o que nunca tuvo remedio.

                   la tormenta
                   los designios
                   las desgracias con nombre de mujer

la pena legítima  el tiempo irrevocable  la maleza de vasos rotos que
brota bajo los pies  este reguero de pedazos desprendidos como señal
inequívoca de que fuimos nosotros  precisamente nosotros  los que
miramos al cielo en el remanso inverosímil que precede a la borrasca
intuyendo la aritmética mortecina de una imagen que se va desocupando

                   sí
                   lo vemos
                   allá arriba   fíjense

vemos la concavidad célica poblada de agujeros definitivos  la
muchedumbre de vidrios delatando el infortunio  el chasquido del cris-
tal  lo vemos  sí  vemos la anemia urbana  los resquicios del hormi-
gón  las enormes catedrales urdidas en las aguas líquidas  vemos los
estigmas de los años ácueos  las calamidades de la memoria  la pulmonía
de cuarzos que nos devuelve a nosotros  a esta triste encrucijada de ca-
lles   a esta esquina arreciada por la intimidad del invierno   esta
alfombra blanca de hielo picado cubriendo de frío y humedad el paisaje
derruido  las construcciones abatidas que denuncian la profusión de los
torrentes


                   aquí mismo acá  ahora ciertamente  nosotros  sin escupir
a los charcos  acatando el rigor de la intemperie  bajo el agua húmeda
bajo el cristal quebrado

                   es la lluvia
                   está lloviendo


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