Óscar, Luis, Lauro, Francés, amigos:

Preso me hallo en esta región que Alquimia
             llaman.
Alguna ve suena un motor, no lejos,
que nunca se detiene para abreviar mis ojos,
indiferente a las hondas y al humo
que sobre el horizonte, a solas,
como dios olvidado
                  se deshace.

Hay un fondo de lluvia detrás de las miradas,
un indicio de naufragio
por cada gesto,
un trazo oblicuo
que contraría las frentes erguidas y doradas
y que hasta las piedras
han temido, han rehusado en el desplomo
                                       su contacto.

Ya no pienso en la huida. Apenas hablo. Tan sólo
escribo. A veces
recuerdo.

Al atardecer, cuando a este alto subía aquella
cuyo color del cabello ha sido
para mí más dulce
que el tráfago naranja del ocaso,
yo declinaba junto a la luz poniente
de la tarde y sus ojos sobre la hermosa yerba
            crecida, sobre las hojas, incitando
al metal de la cadera, al tibio labio
                         que me sobrecogía;

mas ahora las noches por solitarias
son frías
...y alguna vez desde que ya no viene
siento la vida de la que soy
reflejo,

fragmento,

humo al olvido.

Fue un lento resbalar y seco el golpe,
que sonara a bulto hueco entre las rocas,
un lento, lentísimo desprenderse
desde la parte alta
                   y quebrada de la torre.

Yo la vi.

(Me acechan).

Seré el siguiente.

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