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Como a la sombra de los gimientes sauces del amanecer

Ah la señora de múltiples perturbaciones, dormida entre las
manos de quien nunca pudo ser su festejante, y también
parida de los dientes de un perro. Quienes la soñaron en
fuego, se sabe que descansan sobre alfombras en estiércol. Y
quienes la persiguen llenos de sabidurías, la intuyen en
prostíbulos, junto a grandes bebedores de memorias. Pero los
que se acostumbraron a pronunciar su nombre, todavía la
desean. Viajan en la noche con cabezas de mimbre que se
encienden o bailan junto a un coro de piernas aplacadoras del
olvido. Los que la vieron a través de las sombras y hacia el fin
de las botellas, hoy llevan una máscara ajena a todo tiempo
o se volvieron agua. Oh entonces tú que la posees en cada
lugar y que has llegado a convertirte en perro que ataca esos
espejos, tal como si hubieses descubierto tu cuerpo en otro;
detente con la tierra porque ellos o quienes la aman, van a
asesinarte en una cuerda de cabello.

Publicado enPoemarPoemar 6 y 7

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