Saltar al contenido

Palabra y acto

   –Así hablaba el poeta:
"Dioses olímpicos,
descended de vuestros dorados tronos
y ved, taciturnos y envidiosos,
cómo reluce el cristal de mi frente.
¡Contemplad, oh dioses
que gobernáis al desgaire
las leyes divinas y humanas,
este nacimiento inaudito;
podéis derribar de un soplo a un hombre,
pero jamás venceréis el ímpetu de un poeta:
él os escupe en la cara,
desgarra en jirones vuestras purpúreas túnicas;
él arroja al lodo y a la indiferencia
el laurel y el mirto
que ostentáis con arrogancia,
y descubre el velo que oculta
vuestro miedo ancestral y podrido..."

   –Así hablaba el poeta,
desconocido y solo,
observando, conmovido y absorto,
cómo su sombra ejecutaba, estricta,
los encendidos gestos de su mano y su palabra.
A solas, desafiante y henchido:
mas no hubo nadie, –salvo su sombra,
que asintiera prorrumpiendo en aplausos;
ni labios que propagaran su palabra,
ni manos que secundaran su acto.
Publicado enPoemarPoemar 3

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.