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De nuevo escucho tu voz

De nuevo escucho tu voz,
surge de pronto contigo,
fundida a tus labios,
inesperada, súbita.
¡Es la misma de antes,
y vuelve de nuevo contigo!
Mas tú no eres la misma,
aunque el mismo vestido de rosas
cubre tu cuerpo,
aunque los mismos tacones finos
bajo tus pies te alcen,
aunque el mismo collar de nácar
rodee tu cuello.

De nuevo gritas mi nombre,
enloquecida, frenética.
Agitas los brazos,
los elevas sobre los árboles.
Ya llegas, levantándote
sobre la tarde.
Siendo casi.

Vienes de nuevo,
joven, dispuesta a entregarte,
a confundirte, a reconocerte
bajo mis brazos, sobre mi tierra,
entre mis aguas,
plena de ansia y deseo.
Pero tu luz de antes
se torna sombra ahora.

Huyo de ti,
de tu cuerpo nuevo,
de tu andar tan grácil,
de tus cabellos leves.
Y marcho a otro tiempo
donde tu recuerdo
no se me aparezca
con un hacha enmohecida,
donde borrar mi nombre del suelo
sea también extinguir
la llama de tu voz
Mas ella viene de nuevo contigo,
y tus labios la llevan,
y tu aliento la expande.

Te vas, 
y yo me quedo solo,
abrazando distancias vacías, brumas.
Besando memorias, tiempos,
labios de ausencia, rostros de humo.
Dices adiós
y yo me quedo solo,
remontándome a tu primera caricia,
a tus ojos primeros.
Pronuncias mi nombre,
                    te alejas,
                              te disipas:
                                        desapareces.
Publicado enPoemarPoemar 3

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