Cuchilladas de sal sobre los ojos
cerrado. Duerme el día (duerme el sueño
sagrado del océano). Revientan
palomas como nubes de susurros.

Seguir, seguir… Seguir siglos de sed
saciada hasta en el tallo de la flor
–escapando a la sed ocre de arcilla–.
Dibujar el perfil de los naufragios.

Si nadie sueña ya con la palabra,
si amar no significa tantas cosas
como uno podría imaginar,
renacerán –entre dedos de espuma
quebrada por el eco de la noche–
los cuerpos con olor a laberinto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.