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Ves cómo caen los retazos…

¿VES cómo caen los retazos desasidos
de aquello que alguna vez fue rayo
insaciado de luz y de pureza?

No te me pierdas,
quédate mejor a la orilla del labio,
tan poblado de otoño,
que ingenuamente tocas.
Debo saber si aún laten mis alas
con el fulgor de antaño y con el vuelo
del pájaro suicida,
que hacia ti,
llevado por instinto remoto,
se apresura, ágil,
lleno de luz
o fuego,
de manantial oculto
o angustia.

Cayeron las hojas de los árboles del alma
no por el perfil ópalo de céfiro suave
sino que resbaladas
por la cadencia de la vida en tu mano
están cayendo, muy tristes,
entre las fondas furtivas del boscaje.

Y he sentido, amiga,
qué desnuda y pura mi alma
estallar contra tu pecho indemne,
donde el corazón se torna
inexplicable quimera,
y, donde a veces
giro mi cuerpo como una trenza estremecida.

No… no te me pierdas
adentrándote sola en el bosque,
quédate mejor en la orilla,
pausada y silenciosa,
que está muy poblado de otoño el labio
y que están cayendo mucho,
y muy tristes, las hojas.

Publicado enPoemarPoemar 2

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