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El viajero

Llueve, impasible.
El último tren
se clava en el paisaje
como una agua de agua.
–Atrás el andén;
roto por el súbito temblor
de algún beso contenido,
el adiós arrugado en la mano.

El viajero espera.
Un nuevo retraso
demora su partida.

–…Tal vez el próximo.

La mano, borrosa,
denuncia cansancio,
quizá hastío.

–Un pájaro de ceniza,
posado en el doses de su ojo,
ávido devora retazos de insomnio.

Mientras espera,
la lluvia, erguida, araña el aire,
y una gota se desliza
por la fiebre de su memoria:
-Hace mil años de trenes
olvidó su destino:
sólo recuerda
que alguien siempre
al otro extremo espera.

Y desde entonces, mientras llueve,
aguarda no sabe bien qué:
si al azar, el recuerdo o la muerte.

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