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Bajo el enmudecido amanecer

Bajo el enmudecido amanecer reposan, atónitos, nuestros cuerpos, cubiertos por una espesa niebla que brota de tus labios. Galopamos lentamente por la vasta llanura de la imaginación. La luna, agonizante, vive una muerte irrespirable. Un tímido rayo de luz acaricia tu pelo recubierto de fría escarcha. Pequeñas gotas de amargo rocío caen de una gran flor que nos envuelve, mientras el sol, infante soñoliento, conquista la mañana. Grandes sombras abominables desbordan alegría al paso del trovador que entona el himno a la desesperación.

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