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Un cuerpo el viento

UN cuerpo el viento
en mis manos serpentea.
Mucha es la fuerza de unas manos
abiertas.
Sentir es inmensidad, y amor
es sentir la inmensidad más absoluta.

Toda la libertad del hombre
surge de mis manos,
porque es mucha la fuerza
de unas caricias ágiles
sobre un cuerpo.
Toda la libertad está en tu cuerpo;
ella surge, de pronto,
cuando serpenteas con el viento. Es
como si tu piel fuera el albor
de su existencia.
Pero todavía serpenteas. Tu deseo lo quiere.
Y se expande apacible como un celaje,
y se erige en mis ojos
un horizonte sin linde;
mas la siento arribar colmada de ternura,
para proclamar el son libre
del hombre.

Y saber entonces
que la libertad existe;
y que está en tu cuerpo y en mis manos,
y en el deseo de ser libres.
El más bello de los paisajes
se me desvela, y percibo
cómo allega el ímpetu de un mar solo.
Sí. Mis manos lo proclaman. El mar azul,
y solo.

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