Ya caía la tarde, recuerdo
un leve velo de sol
que te ocultaba el rostro, aquella
luz dorada, inmóvil. Declinaba
la tarde –era el otoño– y si mal
no recuerdo, nuestro amor.

Salíamos de ver una película
–no me creáis– de Rosellini.
Todo parecía igual –pero
tampoco me creáis– a otros días.
Sentados en la terraza de aquel bar
elegante, conversábamos.
De pronto tú dijiste, ya
el desenlace: adiós.

Fue una historia gris,
yo diría romántica y casi
cursi. Teníamos apenas dieciocho
años. Pero, ¿qué más os diría?
Quizá sólo que fue mi ultima
experiencia de ese género y que sí,
según creo, era el otoño.

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