La luz desesperada,
la más honda luz del alma…
G. Celaya

De bruces, frente a mi presagio,
hago extensas las horas…
Remoto calendario de giros,
idénticos, en torno a mi cabeza.
–Por el centro, un corazón atraído–.

Me afirmo
ante tus ojos y ante la luz
cálida y dulce
que me desespera.
Y es en vano,
Rodeado de gentes vacías
pierdo, en un instante, todo el sentido
y esencia
de la vida.
¡No. No puede ser!
No puedo confundirme
así, tan de pronto,
sin saber al menos
cómo vencer la luz
que me derriba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.