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Improvisación de enero

Y casi
desocultaba su piel al prodigio
de irse repitiendo, día a día,
sutil o leve, azar maravilloso,
el breve ahogo portador de voces.
Invariablemente, 
hacía descender su vuelo en la escalera,
y más tarde, junto al lecho,
prometía afanes y aleteos.
Luego, más tarde aún, débiles ya sus besos,
hacía las preguntas más insólitas
y prendía en un segundo, lentamente, 
todas sus estelas y vacíos.
Era entonces cuando yo comprendía,
sueño y promesa, lo hermosamente acuchillado
de sus labios, el tallo de su nombre,
destejiendo prodigios y condenas,
tan inverosímil, ella, y tan probable.
Publicado enPoemarPoemar 6 y 7

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