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Poema para una historia frágil y pequeñita

No me juzgues sólo por la cosecha,
sino también por la siembra.
ELIOT

     TENÍA una explosión gigante
de infinita vitalidad.
     Tenia entre mis manos
el iris redondo de la existencia,
y una cumbre cubierta de sol.
     Y entre mis manos,
un beso encadenado
a las tibias horas del día,
y un poema de amor
en cada silencio.

     Y de pronto, como un golpe
me llegó tu llamada.

     Y yo no supe huirla,
ni dormirla entre mis algodones.
     Me lancé al arriate
desconocido de la aventura
y abrí los nuevos carriles
de una selva inexplorada.
     Busqué la luz
entre sus frondosos árboles de la vida
y llegué a verla,
a tocarla con mis dedos,
descubriendo su nueva calentura.

     En esta tormenta tan brutal
no tuve el cobijo de tus palabras.

     Y se me hizo demasiado largo el camino.
Demasiado duro y solitario.
     Y por no ser cobarde,
tuve que aprender a buscar
las fuentes lejos del llanto.

     Ahora todo parece
como un remolino
en las ciénaga aguas del invierno,
voy a renunciar, con el dolor 
que supone buscar en otras avenidas-

No será fácil cambiar los pasos
pero cuando a uno le han vencido,
sólo le queda ser huésped de la realidad.
     Me venderé a un tiempo mediocre
o a una crisis en tránsito,
para no acabarme,
para no resistir heroicamente 
el frío de las sombras del bosque.
     Y cuando recupere otra vez el pulso
volveré con la ayuda del viento
a la fuerza de otra generosa entrega,
sin cambios ni medidas.

Y al final, sólo me quedará
serenar el alma y hacerle saber
que fui fiel a todos sus sentidos.

                             (Inédito)

Publicado enPoemarPoemar 5

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